Dolor de espalda en la oficina: qué puede hacer la empresa

Casi la mitad de los trabajadores refiere molestias de espalda o cuello. Qué las provoca en una oficina y qué medidas puede tomar la empresa de verdad.

BIENESTAR LABORAL

Mariana Semczuk

4 min read

Empleados trabajando frente al ordenador en una oficina diáfana
Empleados trabajando frente al ordenador en una oficina diáfana

No es una impresión. Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo del INSST, el dolor de espalda lo refiere alrededor del 46 % de las personas trabajadoras, y las molestias musculares en cuello, hombros y extremidades superiores rondan el 45 %. Casi la mitad de la plantilla, en cualquier oficina española.

Y tiene consecuencias contables: el absentismo laboral en España cerró 2025 en el 7,1 % de las horas pactadas, cerca de máximos históricos, según Randstad Research. Los trastornos musculoesqueléticos están entre sus causas más habituales.

Este artículo va de qué lo provoca en un entorno de oficina y, sobre todo, de qué puede hacer una empresa que no tiene un departamento de salud laboral.

Por qué duele: no es la postura, es la quietud

La explicación popular es “estás mal sentado”. Es solo una parte.

El problema principal de un puesto de oficina no es adoptar una mala postura, sino mantener cualquier postura durante horas. Un músculo que sostiene la misma posición sin variación se fatiga, se contractura y duele, incluso aunque la postura sea correcta. Por eso la mejor silla del mundo no elimina el problema si nadie se levanta.

A eso se le suman tres factores concretos:

La altura de la pantalla. Si el monitor está bajo —el caso típico del portátil sobre la mesa— el cuello vive flexionado hacia delante. La cabeza pesa entre 4 y 5 kilos; inclinada, la carga sobre la musculatura cervical se multiplica.

El ratón y el teclado. El hombro que sostiene el brazo en el aire durante horas es una de las zonas que más se queja, y casi nadie la relaciona con el ratón.

El estrés. No es metafórico. La tensión psicológica se traduce en aumento del tono muscular, sobre todo en trapecios y cuello. Un equipo bajo presión tiene literalmente los hombros más contraídos.

Lo que la empresa puede hacer, de más barato a más caro

1. Lo gratis: cambiar la relación con el tiempo

Lo que más impacto tiene y lo que menos cuesta.

  • Normalizar levantarse. Que nadie sienta que se le juzga por ponerse de pie cada hora. Esto es cultura, no equipamiento.

  • Reuniones de pie o caminando cuando son cortas y sin pantalla.

  • Recordatorios discretos. Una alarma cada 50 minutos funciona mejor de lo que parece.

  • No encadenar videollamadas. Cinco minutos entre reuniones cambian el día de una persona.

Cuesta cero euros y requiere que la dirección lo practique. Si el jefe no se levanta nunca, nadie se levanta.

2. Lo barato: colocar bien lo que ya se tiene

Antes de comprar nada, revisa lo que hay:

  • La pantalla, a la altura de los ojos. El borde superior, más o menos a la altura de la ceja. Un soporte cuesta poco; una resma de folios, nada.

  • Los antebrazos apoyados, no en el aire.

  • Los pies en el suelo o en un reposapiés.

  • Portátil + teclado y ratón externos. Trabajar ocho horas solo con el portátil es la combinación que peor sienta al cuello.

Una revisión de puestos hecha con criterio, aunque sea informal, detecta la mayoría de estos problemas en una mañana.

3. Lo que cuesta dinero pero dura años

Sillas regulables de verdad, monitores externos, mesas elevables para quien las necesite. Es inversión, no gasto: se amortiza en años de trabajo y en bajas que no ocurren.

Un matiz honesto: no hace falta la silla de 900 euros para todo el mundo. Hace falta que cada persona tenga una silla que se ajuste a su cuerpo y sepa cómo ajustarla. Lo segundo se olvida siempre.

4. Lo que alivia el síntoma

Aquí entra lo nuestro, así que léelo con la cautela que merece: nos dedicamos a esto.

El masaje en silla trabaja específicamente sobre cuello, hombros y espalda alta, que es donde se concentra la tensión de quien trabaja con pantalla. Hay estudios clínicos —pequeños, conviene decirlo— que han medido reducción del dolor cervical y de la tensión muscular tras sesiones de masaje en silla en entornos laborales.

Lo que hay que entender bien es su papel: alivia, no corrige. Si la pantalla sigue baja y nadie se levanta en ocho horas, la tensión vuelve. Funciona como complemento de las medidas anteriores, no como sustituto. Cualquiera que te lo venda como solución a un problema ergonómico te está vendiendo humo.

Su ventaja práctica es la participación: ocurre en la oficina, en horario laboral, sin desvestirse y en sesiones de 5 a 15 minutos. Eso hace que pase mucha gente, que es lo que convierte una medida en un efecto visible.

5. Lo que hay que derivar

Y un límite importante. Si alguien tiene dolor persistente, dolor que irradia al brazo o la pierna, hormigueo o pérdida de fuerza, eso no es tensión de oficina: es motivo de consulta médica. Ninguna actividad de bienestar sustituye a un diagnóstico, y una empresa responsable lo dice en voz alta.

Por dónde empezar si no sabes por dónde empezar

Un orden sensato para los próximos tres meses:

  1. Pregunta. Una encuesta anónima de cinco preguntas sobre molestias. Te dirá dónde duele y a cuánta gente.

  2. Revisa los puestos de quienes hayan señalado molestias. La mayoría se arregla con altura de pantalla y ajuste de silla.

  3. Cambia una norma de tiempo. Reuniones de 50 minutos en lugar de 60, por ejemplo.

  4. Añade algo que se note y que sirva para que la gente vea que el tema importa.

  5. Vuelve a preguntar a los tres meses.

Ese último punto es el que casi nadie hace y el que te permite saber si algo de esto ha servido.

Si estás decidiendo qué actividad encaja en tu oficina, en actividades de bienestar para empleados están comparadas por participación real y coste.

Fuentes: Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo, INSST · Informe de absentismo laboral, Randstad Research (4.º trimestre de 2025).

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